sábado, 7 de abril de 2012
Este es un sollozo al viento, un llamado al mundo mágico de las hadas perdidas en el tiempo, es una cacería de dragones, corriendo desorientada por un inmenso bosque llegando entre las sombras al mismísimo abismo de la inconciencia, desesperadas horas y pasos que tropiezan con una caída sin fin.
Dos veces y tres veces y mil veces no quiero, y una sonrisa en un millón de aplausos que derriten, cada una de mis sensaciones perdidas, en incontables y confusas palabras. Aletargando las huestes del mal impidiendo, con espadas resplandecientes, el descenso del dios del fuego, el sacrificio, la ofrenda y el perdón, desorientándonos a todos porque cada silencio parece y hace padecer. Creo que fui cuando nunca moví ni un músculo de mi alma. Los ojos cegados por chisporroteantes alturas y bloqueos de dientes apretados que mastican lagrimas de un no pudo ser.
Desconectándonos para impedir el incontrolable arribo de las tormentosas nubes, que simulan una fiesta de cien mil globos de colores.
Teniendo en cada mano una llave y en cada pie una roca, ilusiones del mas allá.
Terrenos áridos donde el sol sonríe malévolamente, porque sus brazos consumen el aire y transforman en ceniza cualquier amanecer.
Tengo tiempo de sobra para empacar mis recuerdos emprendiendo un viaje sin vueltas, donde los caminos se sonrojan, al sentir el destino que abre grietas, entre las almas que creían estar de pie, cayendo sin espaldas ni desnudos planes de reflexión que comprometan el andar de cada quien, que van descubiertas atravesando el inmenso ojo esculpido de un torturador de claras lunas tempestuosas, embalsamadas y entumecidas.
Dioses celosos que amarran mentiras, a la mirada siniestra, del ser calculador que cree verse a si mismo y siente ser liberado, mientras los ruidos de lo que fue se ríen a sus espaldas, porque nada es así como todos dicen, como quisiera creer, como supongo que nunca va a ser vivido el momento descomunal que cierne sobre su regazo un encuentro con él.
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